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El rol de mamá en la adolescencia

Como si fuera una varita mágica, el abrazo de una madre tiene el poder de ahuyentar fantasmas. Es la magia que poseen las madres, y que además nunca se pierde. Las situaciones difíciles que enfrenta un adolescente en esta complicada etapa de su vida requieren que nunca se olvide el increíble  poder de un abrazo; más allá de lo físico, es el acompañamiento que la madre provee.


También el hecho de decir una frase como: “hijo, te creo, y estoy contigo” representa el abrazo. En la adolescencia esto ayudará a que el hijo siga adelante a pesar de cualquier dificultad o circunstancia adversa.


A propósito del día de la madre quiero compartirles una pregunta que me hizo una madre hace poco tiempo, “¿por qué siento que mi hija es otra?, ya no confía en mí, ya no me cuenta todo como antes, éramos muy unidas, ¿qué pasó?” . En realidad es una pregunta complicada, sin embargo me permití responderle esto:

El rol de una madre, consiste en estar ahí, para ser abandonada… así lo decía Anna Freud


Lo que ocurre es que el adolescente ha descubierto que es capaz de guardar secretos, y aunque actúa de esta manera por aparente desconfianza, en realidad lo hace como parte de un proceso normal en el desarrollo de su personalidad. Esto la permitirá más adelante, convertirse en una persona independiente y con la capacidad de tomar decisiones propias.


Aclaramos acá algo sobre el tema: el secreto representa una posesión, nos dota de autonomía y nos permite cambiar de opinión. Frecuentemente, cuando un adolescente le cuenta algo a sus padres, estos responden con una explicación acerca de lo que piensan. Entonces el adolescente escucha, y al mismo tiempo aprende lo que los padres desaprueban. Luego, para evitar ser desaprobado, guarda secretos.


También suele existir otra pregunta: ¿qué puedo hacer para que mi hija me siga teniendo confianza en las cosas realmente importantes? . Reflexionando podemos coincidir que cuando un adolescente le cuenta a sus padres una situación referente a un amigo o su vecino, lo que en realidad puede estar explorando, son las creencias de sus propios padres respecto a esa situación. Lo que buscan es hacerlos caer en la tentación de explicar. Por ello lo más recomendable con los hijos de esta edad, es responder mas bien con otra pregunta, en lugar de darles un discurso. Una simple frase como: ¿Y tú qué piensas?, sería una respuesta más apropiada.


Lo que debemos hacer es abordarlo de la misma manera como se lo preguntaríamos a un adulto: ¿Cuál es tu postura al respecto?, ¿Qué deseas de esto?.


Hay que darle  la responsabilidad de que por sí mismo construya la respuesta. La sabiduría de una madre está en la capacidad de escuchar. No en los consejos ni en las recetas, es por ello que los seres humanos fuimos dotados con dos oídos, pero con una sola boca.


La autonomía en la adolescencia implica necesariamente una separación. Esto no significa abandonar al hijo, solo dife­renciarse. Es importante entender que no comparten un mismo cuerpo o mente, y que la madre y adolescente son dos personas únicas y distintas. Según Anna Freud, el permitirse ser abandonada, le da el espacio al hijo para que se vuelva autónomo, seguro, soñador y  explorador. La meta es que a la madre se le lleve por dentro, es decir interiorizada, para que entonces el hijo puede irse seguro. Esto le permite diferenciarse, saber quién es, sin luego tener que reprochar a la madre que no le permite vivir este proceso.


Muchos de los conflictos entre las madres e hijos adolescentes respecto a los permisos para ir a fiestas, en realidad tocan este tema. La madres temen a la separación, pero lo adolescentes deben explorar,  de una manera segura y con límites. Si se da este proceso, al final se regresa a la fuente de todo, la madre. Amarrar al hijo solo provoca que éste tenga mas deseos de irse.


En la adolescencia pensamos que las hormonas tienen la culpa de todo, ¡esas tiranas hormonas! La culpa en realidad es querer dar discursos para todo. Debemos enseñar escuchando en lugar que instruyendo, ya que el arte del que escucha está caducando en la modernidad. Estamos invadidos por tantos estímulos que nos cuesta mucho trabajo detenernos y escuchar. Ante esto cabe una pregunta que debemos hacernos todos los padres de adolescentes: ¿Cómo escuchar a mi hijo adolescente?


¿Cómo escuchar a mi hijo adolescente?


Lo primero que debemos hacer es contar un espacio físico apropiado para favorecer el encuentro, debe ser de preferencia un sitio agradable, un ambiente relajado y con una atmósfera que permita una conversación amena, o a veces simplemente será un lugar que evite que se nos puedan escabullir. Debemos permitir la discusión de temas que a algunos de nosotros nos incomodan o nos hacen ruido. Temas tales como: la sexualidad, la religión o la política. Hay que hablar, sin querer convencerlos de nuestras ideas. Un adolescente es como un recipiente que rechaza violentamente cualquier intento de ser llenado, ellos deciden cómo, cuándo, y hasta dónde algo les llena. Debemos respetar esta particularidad de los adolescentes.


Un factor importante es que la confianza otorgada por un adolescente a su madre, tiene que ver con su credibilidad. Para el adolescente es importante la coherencia entre el mensaje que reciben y la que la forma en la cual actúan sus padres. ¿Se necesita ser padres perfectos para tener la autoridad de ser escuchados? La respuesta es categóricamente no, pero sí debe  existir coherencia. Es difícil que una madre haga juicios severos sobre el comportamiento de su adolescente, si ella no puede mostrarle un ejemplo basado en su propio comportamiento, valores y estilo de vida.


La confianza en realidad es la capacidad de creer en otro. Si la palabra de una madre está devaluada, hay que reconstruirla. Debemos visualizar a la adolescencia como un pasaje, en donde las relaciones son más fáciles de  reconstruirse, ya que en etapas posteriores de la vida puede costar más trabajo.


Sugerencias: Usa tu magia de mamá: escucha, pregunta y  permite que se vuelva autónomo.


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